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Teatro del Libertador: 130 años de historia que distinguen a Córdoba

Es el más antiguo del país en funcionamiento tal cual fue concebido; está inspirado en los teatros La Scala de Milán y la Ópera de París.

(Por Patricia Veltri).-

El Teatro del Libertador San Martín nació hace 130 años, concebido como majestuoso, señorial, imponente, lujoso, sobrio pero sin nombre. Se lo construyó copiando lo mejor de Europa. Es el coliseo en funcionamiento más antiguo de Córdoba y del país, que aún se conserva tal como fue concebido.

Se inauguró el 26 de abril de 1891 sin bautizar. Se lo llamó con un nombre de hecho, haciendo referencia a su ubicación: el Teatro de la Calle Ancha. Y se convirtió en una seña de identidad cultural de una época.

Quien se siente hoy frente al escenario, lo hará en las mismas butacas de pana colorada con terminaciones doradas en madera tallada que lo hicieron personalidades encumbradas en el ámbito político y cultural, y por supuesto, la aristocracia de la belle epoque.

La iniciativa de levantar un teatro similar al de las grandes capitales europeas surgió del entonces ministro de Gobierno cordobés, Ramón José Cárcano, cuando sólo tenía 27 años. Fue aprobado por el gobernador Ambrosio Olmos y el inicio de construcción no se hizo esperar.

El arquitecto italiano Francesco Tamburini (el mismo que terminó el diseño de la Casa Rosada y trazó los planos del Teatro Colón) diseñó el edificio, que ocupa una superficie de 3.640 metros cuadrados, inspirado en los teatros La Scala de Milán y la Ópera de París.

La boca del escenario del coliseo cordobés tiene un ancho de 13 metros y un telón tan pesado, que más de cien años después nadie sabía cómo se podría desprender para lavarlo ni dónde se haría tamaño menester. Así que sólo se aspiraba el polvo. El alto es regulable, de 7 a 12 metros, y la profundidad del escenario es de 20 metros. La sala mayor tiene un aforo de 1.100 espectadores.

Obras de puesta en valor

El Gobierno de Córdoba llevó adelante una puesta en valor, restauración y actualización tecnológica del Teatro del Libertador General San Martín, para recibir en marzo de 2019 al VIII Congreso Internacional de la Lengua Española. Se hizo una completa refacción edilicia, desde su fachada y hacia el interior, mejoras en el escenario, creación de nuevos espacios destinados a actividades de extensión cultural, la instalación de nueva luminaria y la renovación del equipo de sonido. La obra requirió una inversión de 500 millones de pesos.

El entonces gobernador de Córdoba, Ambrosio Olmos, justificó ante los legisladores el proyecto de construcción diciendo que “satisface una exigencia pública reclamada por el alto grado de cultura que nuestra ciudad alcanza, por su creciente progreso intelectual, por la población que para operar su desarrollo integral necesita”.

Fue declarado Monumento Histórico Nacional en 1991.

El edificio cuenta con dos espacios más, que sirven de escenario para la música de cámara y el teatro: la Sala Luis de Tejeda y la Sala Rafael Grisolía. También, alberga el Museo del Teatro y de la Música Cristóbal de Aguilar (fundado en 1970).

Pasando a través de la terraza, está el taller de costura donde se cosen los vestuarios. El sector de utilería guarda tesoros –porque nada se tira, sólo se recicla- y responde al pedido al listado del director de obra.

Culto versus popular

El teatro abriga un plantel de artistas que integran los cuerpos artísticos oficiales, conjuntos que dependen del Estado provincial. Ellos son el Ballet Oficial de la Provincia (creado en 1958), la Banda Sinfónica de la Provincia (de mediados del Siglo XIX), la Orquesta Sinfónica de Córdoba (1932), y la Orquesta Provincial de Música Ciudadana (1994). Además de los coros de Coro de Cámara de la Provincia (1950), Polifónico de Córdoba (1956) y Polifónico Delfino Quirici (1967).

Cada temporada, los cuerpos artísticos nutren con sus actuaciones la cartelera anual, muchas veces con la participación de solistas y directores de la escena nacional e internacional.

Pero no todo es de elite cultural, también se le ha dado espacio a las expresiones artísticas populares. Cuestión que ha generado reticencias y posiciones encontradas.

Por ejemplo, a principios de 1900, la intención del empresario teatral Pedro Caraccio de producir una actuación de la Compañía de dramas criollos, provocó tal disgusto en la opinión pública, que el diario Los Principios publicó: "Podestá en el Rivera Indarte es algo que repugna al gusto menos delicado. Llevar una compañía de circo, más o menos perfeccionada, a profanar las tablas en las que se han interpretado las mejores obras de los genios teatrales, sería un colmo".

Era común que algunas familias ocuparan el mismo palco, que se podían comprar con los ciclos de abono.

El valor arquitectónico se sumo al paisaje señorial urbano de la Córdoba doctoral de entonces, junto el Observatorio Nacional, la Academia Nacional de Ciencias, la nueva sede del Banco de Córdoba, estaciones de ferrocarril y las Escuelas Normales.

La fachada es monumental, de características escenográficas, y culmina con un grupo escultórico.

Originalmente tenía una instalación de iluminación a gas, el mobiliario fue traído de Europa, lo mismo que la exquisita decoración que adorna la sala y los ambientes interiores.

El artistas plástico Arturo Nembrini Gonzaga, nacido en Roma, adornó los ambientes interiores.

Historias de ánimas y fantasmas

Como teatro histórico que se precie, tiene sus historias de fantasmas y ánimas que lo habitan. La mayoría refieren a una dama engalanada.

Un guardia solía contar que una vez había entrado al baño de damas que está en el nivel del vestíbulo, para ahorrarse unos pasos más hasta el baño de caballeros. Era una tarde de diciembre y la temporada ya había terminado. Mientras estaba allí percibió una presencia y creyó que se trataba de una mujer. Cuando giró la cabeza avergonzado, vio la figura femenina, que llevaba puesto un vestido ancho oscuro y un sombrero adornado con flores que se esfumó rumbo a la salida.

La magia existe en la atmósfera de la platea, los palcos y la tertulia. Para eso es el primer colosal monumento teatral, dedicado a las expresiones más sublimes.

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