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Los "otros" argentinos

Breve e incómodo compendio de la discriminación criolla desde 1880. Desmitificando la teoría de la mayoría blanca y de clase media. A propósito de los dichos presidenciales.

A lo lejos, en el fondo de nuestro estructurante imaginario social, retumba como latido una frase, un sentimiento: “el orgullo de ser argentinos”. Y miramos al cielo, y damos gracias. Por un momento sentimos como si nos abrazáramos fuertemente con cada uno de los que habitan estas tierras (el “Otro” generalizado) y nos fundiéramos, hasta convertirnos en un solo ser: el ideal de argentino.

Y miramos la tierra, y nos despertamos. Salimos de casa y vemos con estupor argentinos (léase habitantes) que no se condicen con lo que habíamos acabado de imaginar. ¿Por qué ellos están aquí?, si nosotros no somos así...

Es que a lo largo de la historia, nuestra sociedad se encargó de decidir quienes son más “nosotros”, más argentinos que otros. Y contar esa historia, es contar la tradición de discriminación e intolerancia de nuestro país.

Paseo por la historia

Se hará aquí un brevísimo racconto de la marginación criolla, a partir de la época del Presidente Roca (1880), tomando en cuenta estudios del antropólogo argentino Mario Margulis. Sin embargo, comenzar en esa fecha no implica olvidar que el trato diferenciador ya había debutado en nuestro territorio con las aberraciones cometidas por los colonizadores ibéricos contra los nativos, en tiempos anteriores a la constitución de la República.

Tampoco implica desconocer que luego, el idolatrado Domingo Faustino Sarmiento, había hecho de su aversión hacia a los pobladores autóctonos de las pampas -los gauchos- la causa nacional de la “barbarie”, idea que, por otra parte, constituye la esencia de esa obra de convicciones explícitamente xenofóbicas que es “El Facundo”, infelizmente consagrada luego como un clásico de la literatura romántica nacional.

Si bien la marginación social ha tenido contemporáneamente varias vertientes, se divisan fundamentalmente tres, y coinciden con los procesos migratorios en el país.

  • La primera se suscitó desde 1880 hasta bien entrado el siglo XX. Argentina recibió masivamente inmigrantes de diversos lugares, fundamentalmente de Europa. Eran en su mayoría gente de campo, pobre y con poca instrucción. Aparecen formas de discriminación sintetizadas en frases del estilo “tano miserable”, “gallego bruto”, “turco vendemadre”. Desaparece notoriamente cuando estos inmigrantes tienen hijos ya plenamente argentinos.
  • La segunda ocurre entre los 40’ y los 50’. En ese momento hay paralelamente dos movimientos migratorios. Uno, el menor, se da cuando el país recibe a judíos que escapan del nazismo. La hospitalaria argentinidad los adjetiva rápidamente como “tacaños”, denominación en uso hasta hoy, aunque de manera sigilosa. El otro, de enorme envergadura y mayor efecto social, es una migración interna desde el campo a los incipientes cinturones industriales de las grandes ciudades, que germinaban al calor de la escasez de alimentos en la Europa de posguerra. La aristocracia, que veía cómo el poder se les escapaba de las manos luego de la llamada “década infame” (1930 - 1940), los bautizó lapidariamente “Cabecitas Negras”. Serán la base original del peronismo. El Estado paternalista los utilizará durante diez años como sustento de poder, lapso en el que logran cierta integración social que permitió una merma en la discriminación dirigida hacia ellos.
  • El tercer gran movimiento migratorio se produce muchos años después, en la época menemista. Habitantes de países limítrofes llegan favorecidos por la convertibilidad, modelo que les posibilita enviar remesas a sus países de origen. La excusa para discriminarlos es que roban trabajo a los argentinos. Son los “bolitas”, los “paraguas”, los “perucas”. Se extiende también a los argentinos norteños, tales como salteños o jujeños, hecho que desnuda el trasfondo racial de aquella falacia que aparecía como defensora de los intereses económicos nacionales. Como era de esperar, esta forma marginación, ya desposeída de argumentos, tendió a disimularse con el fin de la paridad peso-dólar.

Y el asunto sigue

Pero la historia continúa, en nuestro tiempo. Y la discriminación adopta una nueva forma, evoluciona. Ya no hacen falta migraciones. La raza no es más el objeto exclusivo de la discriminación. Ahora, también el desprecio es a la pobreza en general.

El denominado “negro” incluye a los anteriores moldes discriminatorios y aun más. Como explica Margulis, el “negro” es aquel estereotipo discriminatorio que configura la no inocente coincidencia de desposeimiento material, rasgos mestizos, y vocabulario coloquial.

El “negro” parece ser el causante de todos los males de nuestra sociedad: es el ladrón que destruye nuestra supuesta otrora seguridad, es el vago que no quiere trabajar y entonces “molesta a los que sí quieren” pidiendo limosna, rompiendo sus bolsas de basura y cortando el tránsito.

Hoy, los “negros” son más de la mitad de la población. Apartheid. Palabra que designa discriminación de la minoría hacia la mayoría. Y no estamos hablando justamente de la India colonizada del Mahatma. Duele, pasa, aunque las cifras oficiales no quieran evidenciar del todo la cantidad de pobres y nosotros, la parte de la sociedad que come todos los días, neguemos el desprecio (desprecio es también la inactividad) que guardamos para con los desposeídos.

No es todo. Trabajos de Margulis arrojan además que los argentinos negamos de manera triple la discriminación:

  • Al preguntar si el argentino discrimina, la respuesta es no.
  • Al preguntar sobre la etnia del argentino, se niega la existencia del “Otro”. La población se siente parte de una mayoría blanca, europea y de clase media.
  • Los mismos discriminados, al interrogarlos, responden que no se sienten marginados...

A lo lejos, en el fondo de nuestro estructurante imaginario social, retumba como latido una frase, un sentimiento: “el orgullo de ser argentinos”. Y miramos al cielo y damos gracias. Por un momento, sentimos como si nos abrazáramos fuertemente con cada uno de los que habitan estas tierras y nos fundiéramos, hasta convertirnos en un solo ser... Pero deberá llegar el día en que miremos la tierra, salgamos de casa y veamos sin estupor esos “Otros” argentinos, que más que otros, son Nosotros.

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