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¿Qué sucede con los fallecidos en Internet?

Redes sociales ya cuentan con opciones para gestionar los decesos. En las inmediaciones del morbo, inclusive, una aplicación permite crear una biografía colaborativa del fallecido y notifica automáticamente el funeral.

El asunto de la socialización de la muerte es ciertamente delicado. Dolor de veras, respeto a ese dolor, insensibilidad y mucho morbo, en el mismo lodo, todos manoseaos.

Este abordaje del tema evita caer en el moralismo cómodo de denostar el morbo, porque evidentemente forma parte de la ¿esencia? cultural del humano contemporáneo. Tampoco, por supuesto, será congratulado aquí. Solo vamos a decir que el morbo suele brotar de dos vertientes: una irresistible y más inocente hecha de humor; otra más oscura pero también más legitimada, hecha del placer por contar la noticia o por impostar sufrimiento. En esta última hechura se explica, por ejemplo, la mitológica figura pueblerina de la vieja llorona que disfruta íntimamente de hacer espamento en cada velorio ¿Pensará que su sex appeal se incrementa con cada grito estridente? En fin, curiosidades psicológicas.

Pero como todos tenemos muertos y todos nos vamos a morir, es mejor echarle tierra a los preconceptos. Así es, convertir en cenizas los pruritos para encarar un punto de vista utilitario, práctico, concreto sobre qué hacemos con las redes sociales del muerto que se nos acaba de venir encima. No vaya a ser cosa que el puntito del chat de Facebook aparezca verde.

Más justificaciones

Es innegable que el uso de internet crece, que las redes sociales florecen y que eso parece estar destinado a influir -como mínimo- o signar -como máximo- buena parte de las vidas en este planeta por un buen rato.

Entonces, si alguien está tan preocupado por sus perfiles digitales mientras respira, por qué no puede inferirse que le preocuparía también lo que pase con ellos después de que abandone su cuerpo. Al fin y al cabo, el ser humano suele vivir como si nunca fuera a morir (la finitud del tiempo nos desespera) y muere queriendo que vivir en los demás (los delirios de grandeza también nos superan). Ergo, hay que ocuparse del asunto de los muertos en internet. Ahí vamos.

Fallecidos eliminados

Facebook cuenta con 2.000 millones perfiles personales. Muchos más que el millón de Roberto Carlos y eso que apenas lleva 17 años y no setenta como cantante el brasilero. Es todo un problema para esta red guardar semejante volumen de datos, sobre todo, los inactivos. Es que los muertos, salvo los célebres, no son muy rentables. Así que hay funciones para darlos de baja.

Los familiares directos primero deben ser verificados. Posteriormente tienen la posibilidad de solicitar la eliminación del perfil. ¿Qué pasa con los muertos sin familia? A llorar al féretro: quedan ahí en la cuarta dimensión, la digital, hasta que después de varios años se los traga el sistema (no existe información oficial, pero en internet algunos foros afirman que luego de cinco años de quietud, desaparece la cuenta).

Hay otra opción, que es la preferida por los muertos precavidos. Uno puede acudir a la opción “seguridad” y seleccionar un “contacto de legado” que estará autorizado a ocuparse del perfil en caso de desaparición física. El procedimiento en la red Instagram, propiedad de Facebook, es parecido, en el intento de la corporación por unificar procesos.

Por su parte, Twitter habilita un formulario donde los parientes pueden pedir la baja del desaparecido. Los requerimientos son bastante atinados. Se necesita copia del DNI del fallecido y del certificado de defunción. Por otra parte, en las condiciones se encuentra una norma de privacidad y respeto que otorga derecho a solicitar que se eliminen videos o imágenes “desde el momento en que se produce el incidente hasta los momentos previos o posteriores al fallecimiento”.

Fallecidos conmemorados

Si la decisión del entorno familiar es no suprimir el Facebook de quien pereció, queda la oportunidad de reconvertir el tipo de cuenta y hacerla conmemorativa. También aquí se hace necesario acreditar parentesco directo, mandar un pedido virtual, responder un formulario y ofrecer la partida de defunción. El resultado del trámite se reduce a la aparición de la leyenda “En memoria de”, al lado de la foto de perfil. A partir de allí, los amigos del muerto tendrán la posibilidad de cargar recuerdos (fotos, leyendas y videos) en una especie de biografía autorizada que organiza la red. Para este caso, no olvide que todos los muertos fueron buenos en vida.

Alife, el extremo

A dos emprendedores españoles se les ocurrió crear una red social de muertos. Se llama Alife (podría traducirse del inglés como “una vida”) y ya tiene 40 mil usuarios. El sitio web es www.alife.social

Muy limítrofe entre el respeto y el morbo del tipo “vieja llorona de los velorios” que apuntábamos al inicio de este artículo, este proyecto disponible como aplicación para sistemas iOS y Android posibilita armar un perfil del muerto, crear una línea de tiempo e invitar a sus amigos y entorno para que posteen fotos, videos, comentarios y enlaces que formarán una especie de biografía 2.0. No indexa en Google por lo que para poder ver el perfil de una familia en duelo o persona se debe ser invitado.

Otra de las funciones es notificar el deceso, la ceremonia y también los posibles cambios de horario en la funeraria automáticamente, evitando la comunicación telefónica uno por uno que es engorrosa en momentos de dolor.

Una oda digital a la trascendencia, que según los creadores, sirve para hacer más llevadero el proceso de duelo. ¿Acaso la piedra sobre la tumba o las estatuas de los ilustres no responde a la misma necesidad?

FUENTE: Imagen: https://latinamericanpost.com/

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