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Jiménez y los de afuera que no son del palo

La pandemia y el marketing cambiaron el negocio. El festival Bum Bum no fue un Sargento Cabral de los viernes. Por eso debió su nombre a un tema que un monero de corazón jamás tendría de ringtone. Fue La Mona for export. Y quienes otrora segregaban, ahora impostan fanatismo.

En las noches de escenario, Carlos Jiménez nombra de a poco a todos los que siempre están ahí, donde sea que toque. De abajo se lo piden, con jeroglíficos manuales y con banderas. Es como si, al llamar a los suyos por el apodo, que se hace nombre, y luego por el barrio, que se hace apellido, los pintara de un color fluorescente.

Cuando escuchan su voz que los nombra, quedan incandescentes: iluminados y quietos. Sólo luego respiran hondo para seguir escuchando la música, ya más en paz, embelesados. En realidad, están saciados. ¿De qué?

“Para el Pini de barrio Hipólito”. Tal es la fórmula. Soy dicho; luego, existo. Así funciona.

En el ambiente, ese procedimiento se lo designa como “hacerse nombrar”. Y el que “se hace nombrar” obtiene un privilegio simbólico frente al grupo social o la persona que es de su interés. Eso sacia.

Mark Zuckerberg utilizó el mismo principio que Jiménez para hacerse millonario: le dio a la gente la posibilidad de exponerse frente a quienes le interesan de modo controlado, masivo y legitimador. Y ahí estamos todos, nombrándonos y haciéndonos nombrar. Empezó así, y luego compró Instagram, para no errarle.

“Para el Pini de barrio Hipólito”. Tal es la fórmula. Soy dicho; luego, existo. Así funciona.

El ídolo de carne y hueso

Va el foráneo, el que no es del palo, a un baile en misión periodística, cultural, intelectual o algo por el estilo. Llega con el objetivo de escribir o sacar fotos para algún proyecto. En el festival Bum Bum había muchos.

La cámara es clave. ¿Qué sucede? En la primera hora de trabajo ya tres veces le imploraron, incluso ofreciéndole plata: “Poné por favor mi foto, porque quiero que él me vea que estoy acá como en todos los bailes, y que lo sigo adonde sea a pesar de que no pudimos verlo estos años por el Covid”.

En la boca de un fanático de cualquier estrella, esas palabras no sorprenderían. Evocarían la típica situación en la que la figura es inalcanzable y el fan busca por cualquier medio su momento único e irrepetible de contacto.

Pero no es el caso. Jiménez no es el Indio Solari. Su estilo no es el misterio. Tampoco la distancia como forma de atracción. Si bien no tiene investidura, le dicen “el mandamás”.

En tiempos pre-pandémicos algunos jueves, todos los viernes, todos los sábados, algunos domingos y el resto de las veces que toca, sale de su casa, una casa que da a una calle pública (Fernando Fader, barrio Urca, Córdoba), donde todos saben que él vive desde hace décadas. Se tomaba 20 minutos para saludar, hablar y fotografiarse con quienes estén, sin diferenciar, sin segregar. Después se subía a su Renault 18 viejo tanta veces descrito que ya no es noticia. Así lo llevaban a trabajar. El ritual se daba entre la 1 y las 2 de la madrugada. La rutina seguía cuando se baja en el club de baile. Continuaba saludando, entraba al escenario y tocaba con la mano a quienes están adelante. Ahora cambió un poquito.Pero ya todo va a volver.

Jiménez es un ídolo. Merece ese apelativo porque lo veneran masivamente. También es de carne y hueso, no por su más que obvia condición humana, sino porque está ahí, al alcance del que quiera.

En ese rol tan cercano, paradójicamente, el hombre de 71 años adopta su nombre artístico: “la Mona”. Sin embargo, los de adentro, los que lo adoran, los que bailan las canciones que los de afuera no saben (eso de cantar en los bailes Beso a beso o El bum bum no existe), gustan más de llamarlo Jiménez. Él los llama por sus apodos y barrios; ellos lo llaman por el apellido.

Los de afuera

Teóricos, periodistas y ajenos varios intentan dar cuenta del fenómeno musical, social y cultural en torno de Jiménez. Les toca porque ellos (nosotros), o sea los extranjeros, o sea los foráneos, o sea los de afuera que son de palo, trabajan narrando conductas de otros (sujetos colectivos), conductas que en sus propios grupos sociales probablemente jamás serían aceptadas o lo serían muy poco. Lo hacen (lo hacemos) por distintas razones. Una de ellas es la legitimación profesional y el prestigio que otorga firmar o filmar un fenómeno de esas características.

En la mayoría de las ocasiones, este grupo “observador” del mundo Jiménez no quiere ser parte de ese ambiente, sino permanecer a distancia. Pero hay veces – y no pocas– que el minuto de fama al lado del artista resulta irresistible para “los de afuera”.

Y ahí se los ve, caricaturescos, haciéndose notar sobre el escenario gentilmente ofrecido por el cantante, creyéndose parte del fenómeno cuando en realidad, además de no serlo, actúan con códigos propios. Formas que al ojo del jimenero cordobés le resultan ridículas.

Así y todo, el jimenero cordobés hace tripa corazón y se apiada del grotesco del foráneo que comete el exceso. Se apiada por amor al “mandamás”, porque, mal que pese, son sus visitas.

Yo soy vos

"Igual que ustedes, ¡bien ahí!, hasta la muerte. San Vicente, Kennedy. ¿Qué, gringa? Muller, Colón, Los Sauces, Las Violetas, Villa Urquiza, barrio Maldonado", dice Jiménez, mirando las caras, las señas, las banderas mientras canta El bohemio, tema clásico de su repertorio.

En cada baile hace lo mismo. Intenta individualizar a cada persona, ya con la vista más reducida por su edad, con los ojos entrecerrados y cada vez menos velocidad para identificarlas entre las luces que encandilan. No le queda otra. Es una tradición. Una necesidad mutua. Es lo que debe hacer para ser quien es. Y le sale de forma natural.

La clave, entonces, no es otra cosa que ese “igual que ustedes (...) hasta la muerte”. El secreto de todo el fenómeno mil veces contado.

La Mona no ha cambiado. Su negocio sí. La pandemia y el marketing lo lograron. El Festival Bum Bum fue masivo. La diversidad de públicos se vio. No era un Sargento Cabrera más. Fue otra cosa. La mutación merece ser observada, porque se trata del ícono de la música local. Los de afuera que no son del palo, se multiplicaron.

FUENTE: FOTO: instagram.com/festbumbum/

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